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La siesta y el aprendizaje van de la mano

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La siesta y el aprendizaje van de la mano


Los niños después de realizar actividades durante la mañana, se pueden sentir algo cansados y van a querer tomar una siesta. Hacer la siesta aparte que les ayuda a recuperar energías para seguir jugando, les podría permitir mejorar la capacidad de aprendizaje al estimular su memoria.
 
Durante el día los niños acumulan información aprendiendo nuevas palabras, resolviendo situaciones nuevas e interactuando socialmente. Todo este aprendizaje lo acumulan en las áreas de almacenamiento a corto plazo del cerebro, afirmó Rebecca Spencer, autora principal del estudio y neuro-científica en la Universidad de Massachusetts, en Amherst.


Para entender mejor si los recuerdos se procesaban activamente durante las siestas, los investigadores realizaron en 14 niños, una polisomnografía, un estudio del sueño que muestra los cambios que se producen en el cerebro. Los niños hicieron la siesta durante aproximadamente unos 70 minutos y mostraron señales de haber enviado contenidos desde el hipocampo a la memoria a largo plazo.


"Una siesta permite que la información pase del almacenamiento temporal a un almacenamiento más permanente, del hipocampo a las áreas corticales del cerebro", afirmó. “Los niños tienen que procesar parte de la información que  han recibido durante el día".

Por la tarde, se animó a los niños o bien a dormir una siesta o a seguir despiertos (Las siestas duraron unos 80 minutos). Luego por la tarde y en la mañana siguiente, se hizo una prueba de memoria retardada a todos los niños, tanto los que durmieron y los que siguieron despiertos.
 
Los investigadores hallaron que, aunque el rendimiento de los niños fue parecido en la mañana, cuando su capacidad de retención estaba fresca, los niños que no habían hecho una siesta olvidaban significativamente más cosas. Los que habían dormido recordaban un 10 por ciento más que los que habían seguido despiertos. Al día siguiente, los niños que, habían hecho una siesta la tarde anterior obtuvieron una mejor puntuación que los que no. Los datos mostraron que un niño no recupera el beneficio de la memoria al dormir por la noche, afirmaron los investigadores.
 
Para entender mejor si los recuerdos se procesaban activamente durante las siestas, los investigadores realizaron en 14 niños, una polisomnografía, un estudio del sueño que muestra los cambios que se producen en el cerebro. Los niños hicieron la siesta durante aproximadamente unos 70 minutos y mostraron señales de haber enviado contenidos desde el hipocampo a la memoria a largo plazo.

Muchos niños pasan mucho tiempo en el jardín realizando actividades y jugueteando, por eso es necesario realizar esas pequeñas siestas que proporcionan mucho valor de aprendizaje a los niños a temprana edad, como lo evidencia este estudio.

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